Noviembre 2008      
                   
 

Aunque nada más sea por evitar las maledicencias de los ciudadanos,  el gobierno español tenía que haber sido  más cauto y recatado a la hora de hacer regalos en momentos en los que la mayoría de los españoles están viviendo una crisis reflejada en el coeficiente del paro, porque ¿qué sentimientos le puede producir a un trabajador despedido  a través de una ERE, procedimiento nuevo y moderno para echar a la calle a un montón de gente, ante los millones de euros regalados a la pobre e indigente ONU para adornar un gran salón. 20 millones de euros son muchos euros, alguno de ellos de presupuestos sociales, pero los políticos son tan hábiles a la hora de explicar las cosas inexplicables que nos han querido vender que el pintar una cúpula es una acción social, se han quedado tan anchos y tan largos y creen que nos han convencido. Pues no, señores políticos, el ciudadano, de donde salen los dineros que ustedes manejan tan alegremente, no están ni mucho menos contentos con ese regalito a la  ONU. La ONU es una organización que tiene unos presupuestos millonarios y unos salones y despachos  de lujo que no tienen que envidiar a los mejores hoteles del mundo. Es una organización que debería velar por la paz y ahora existen más de 50 guerras en el mundo, que debería intentar erradicar las injusticias de los hombres y países, cargados de hambre y  miseria y sin embargo acepta un regalo de 20 millones de euros para adornar un techo, ¿Cuánto techos se podían haber construido con ese dinero en España para los que duermen entre cartones en las aceras o en cajeros?  A eso lo llaman, de forma suave, incoherencia e  incongruencia, yo lo llamo despilfarro, derroche y falta de buena voluntad. Eso sí, según las crónicas, la inauguración realizada por el Rey Juan Carlos fue sencilla y humilde. Señores! qué detallazo!

 

Desde Villoruela, 27 de Noviembre 2008   José González Sánchez