| Noviembre 2007 | |||||||||
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Los extremos nunca fueron buenos. Hay un refrán ético que dice “in medio est virtus” en medio está la virtud, en la ponderación, en el equilibrio, en la sensatez está la sabiduría que se identifica casi siempre con la virtud. Los conflictos, los enfrentamientos, las peleas entre los humanos tienen su origen en los excesos y maximalismos unas veces verbales otras veces ideológicos, las conductas exageradamente conflictivas parten de cerebros desmedidos, en los que las ideas se defienden con armas no dialécticas sino con provocaciones y actitudes violentas que nada tienen que ver con el diálogo ponderado. La historia de nuestro país ha estado y está marcada por brotes continuos de actitudes y talantes extremos que están amenazando día tras día a nuestra sociedad, sociedad que quiere vivir tranquila, donde impere la sensatez, la cordura. Existen grupos, que no suelen ser numerosos, pero que con sus consignas violentas campan por las calles a sus anchas intentando romper y destrozar salvajemente nuestra convivencia. En estos últimos días los extremos izquierda-derecha casi se han dado la mano en sendas manifestaciones no autorizadas. Para los extremistas de turno lo de menos son las excusas, que no causas, que han motivado dichas manifestaciones, lo importante para estos energúmenos es hacerse notar y enseñar las espadas que levantan sin pudor y con descaro por encima de sus cabezas como argumento de su existencia. Son, piensan ellos, espadas que han de vencer por encima de la reglas de convivencia, unos invocando la nostalgia, otros demandando campos de batalla para defender la sinrazón.
Desde Villoruela, 22 de Noviembre 2007 José González Sánchez
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