Guerras y hambre    
                   
  Comenzamos un nuevo curso. Una amalgama de noticias y hechos nos sobresaltan y nos despiertan cada mañana. Noticias nada halagüeñas salpican nuestra vida. No hay paz en el mundo, tampoco esperanza de que en breve la haya. Los políticos que gobiernan las naciones siguen en sus pedestales contemplando, como desde un Olimpo de Dioses, las vicisitudes, las querellas, las broncas, las contiendas, las guerras que cada día se suceden en el mundo. Y para que las guerras sean verdaderas guerras, es decir sangrientas, ellos mismos, los políticos, se encargan de hacer llegar las armas a manos de personas inocentes y muchas veces cándidas que no han tenido otra oportunidad que la de aprender a disparar a órdenes del mejor postor o pagador, o a inmolarse por ideas pseudoreligiosas y escatológicas que les han metido desde la infancia en sus vírgenes cerebros. Los kamikaces casi siempre son inocentes, los culpables son los predicadores y apóstoles que desde la retaguardia vociferan consignas asesinas enmascaradas en ideas liberadoras y redentoras.
Guerras y hambre. Porque sigue el hambre en un mundo que produce mucho más de lo que puede consumir, pero son los intereses humanos los que siempre priman por encima de los derechos más elementales de la persona. Y los gobernantes de vez en cuando se reúnen en conferencias de alto nivel y en lugares propicios para el pasatiempo y diversión a estudiar qué forma de morir es la más digna para muchas personas que están fuera del circuito de los intereses económicos y políticos del primer mundo, si de un disparo, muerte rápida, o de hambre, muerte lenta.
Y aquí en nuestro país metido de lleno en controversias seudofilosóficas como la de la Educación para la Ciudadanía, payasadas incluidas a través de videos de mala uva y peor gusto.

Desde Villoruela, 11 de Octubre 2007 José González Sánchez