El PP, un gran partido al servicio de
España Federico Jiménez
Losantos
Habrá tiempo para comentar el discurso de
Rajoy; habrá tiempo también para constatar la vileza desinformativa de
las seis grandes cadenas encadenadas de telebasuración, que no
televisión; habrá tiempo de sobra para contrastar la insobornable
apuesta nacional de la Derecha con la mísera apuesta antinacional de la
izquierda. Pero lo único urgente pensando en el mañana es subrayar lo
imperecedero de un ayer al que, por seguir la convención, debemos poner
el nombre y el número de un día: sábado, 10 de Marzo de 2007.
Ese día, este día de ayer que sigue
siendo hoy y será mañana, nuestra nación, la nación española, resucitada
por sus muertos, renacida de las cenizas de la traición y los complejos,
renovada por tantos niños que, a hombros de sus mayores, dan emocionante
fe de vida, convocada por el único gran partido nacional que nos queda,
dio un recital, un espectáculo de voz, de luz y sonido, de color y calor
como nunca en su milenaria historia.
Nunca tantos españoles se juntaron para
renovar sus votos de seguir juntos hasta que la muerte de cada uno lo
separe del vivir de los otros. Del vivir y del revivir, porque la
crónica del glorioso sábado 10 de marzo es la crónica de un renacer, de
una resurrección con la que muchos soñaban pero en la que pocos
confiaban.
Sin embargo, ahí está. Por debajo y por
encima del mar de banderas rojigualdas, detrás y delante de quienes la
han convocado, triste y festiva, inquieta y tranquila, febrilmente
pacífica, insobornablemente junta, entera y verdadera.
Ahí está nuestra España. Y es de justicia
que, embargados aún por la emoción, rindamos tributo a un partido
político que ha sabido servir el mandato profundo que congregaba a los
dos millones de asistentes a la mayor concentración humana, nacional,
democrática y pacífica de nuestra Historia. Justo es reconocer al PP
que, en lo esencial, ha sabido estar al servicio de España y no servirse
de ella.
Justo es reseñar que, por encima de algún
error de organización –la música, sobre todos- y de las inveteradas,
reiteradas, patológicas vacilaciones de un discurso político más
pendiente de los contrarios que de los propios, de qué dirán que de lo
que se dice, el Partido Popular ha sabido estar a la altura que esta
tragedia nacional nos demanda y que el amor a España nos prescribe.
Viendo a la nación en pie, como una
inmensa bandera al viento de marzo, será necesario y resulta obligado
hacer el análisis crítico de lo que pudo pasar y no pasó o pudo decirse
y no se dijo. Pero ha sido el PP el que ha sido capaz de reunir a la
Nación.
Ha sido el PP el que ha prescindido de
sus banderolas de partido para sumergirse en un mar de banderas
nacionales. Ha sido un partido político el que, con todas sus
limitaciones, ha conseguido que la nación pueda mirarse en el espejo y
ver que tiene mucha vida atrás, mucha vida dentro y toda nuestra vida
por delante para cumplir la difícil tarea cotidiana de la libertad.
Por la Libertad, sí, y por España, más
sí, justo es rendir tributo al Partido Popular. Incluso antes de
votarle.